jueves, 1 de mayo de 2008

Havana Graffiti (2)

Con la aprobación de CubanInLondon publicamos hoy sus impresiones sobre el libro que dió origen a este club literario: Havana Grafitti, del bloguero cubano El Yoyo.



Havana Graffiti (Sinfonía para Orquesta de Cámara, Trompeta China y Tumbadora)

Por CubanInLondon

Quizás ya no hay nadie que lo pueda aconsejar,
quizás tiene hambre como todos los demás,

jamás tuvo nada y en su noble corazón
corre Dólar, corren sueños
corrompidos por la corrupción...


Los Lobos se Reúnen
Gerardo Alfonso



Cuenta el dramaturgo cubano Antón Arrufat en el libro "Virgilio Piñera en Persona" del autor Carlos Espinosa que el día que conoció al afamado escritor, poeta, ensayista y dramaturgo matancero "Yo salía de una exposición de Wilfredo Lam en la Universidad de la Habana (...) Queda en pie que yo descendía la escalinata de la Universidad, la pupila encandilada por la pintura de Lam. Parqueado al lado de la acera se hallaba el convertible de Rodriguez Feo (...) Entré mecánicamente en el auto y Rodríguez Feo me indicó a una persona que lo acompañaba, que siguió mirando al frente y no se movió para mirarme. 'Este es Virgilio Piñera'. Pero el aludido permaneció impasible (...) En eso Virgilio se volvió, y escuché su voz preguntarme: 'Usted hace cosas con la mierda?'

Salvando tiempo, distancia y status es la misma pregunta que yo le podria hacer al Yoyo. Y la respuesta estoy seguro que seria: "Pues, si, escribo una novela".

Porque lo que esta claro para mi es que el Yoyo ha escrito una novela sobre la mierda. Y que no se confunda esto con ser un escritor de mierda. Son dos cosas diferentes. Lo primero corresponde a la observacion, a veces pasiva y a veces activa de un determinado fenómeno. Lo segundo es la aspiración sin la calificación. Y al Yoyo le sobran calificaciones.

La mierda de la que escribe el Yoyo no es la benévola que arrastra nuestros desechos intestinales, o la que fertiliza el suelo campestre en forma de abono. No. La mierda a la que se refiere este autor cubano es la otra, la de la crisis constante, que como dice el personaje principal de "Havana Graffiti" "era una más dentro de un viaje muy largo, tan largo que la vida se convirtió en una sucesión infinita de crisis y la crisis se nos había hecho vida". Esta mierda no avisa su entrada con la hediondez a la que estamos acostumbrados. Una vez que se apodera de uno, se le va metiendo adentro hasta que lo pacifica, lo endroga y lo vuelve en un robot doméstico listo para recibir órdenes sin rebelarse.

"Havana Graffiti" nos nos conduce a través de tres etapas, que de ser tan cercanas pudieran parecer como una misma. Sin embargo los matices que introduce el Yoyo en la obra se encargan de ilustrar la complejidad de la situación cubana y de diferenciar los tres niveles en los cuales opera la novela.

El libro abre con la gran crisis (esa palabrita de nuevo!) del '94 cuando miles, sino cientos de miles de cubanos se lanzaron al mar buscando una salida a la situación económica y política que los ahogaban en Cuba. La descripción de este fenómeno me produjo una visión de balsas y artefactos construidos con apuro moviéndose en alta mar con una rima asonante, porque ya se habían acabado los verbos, comparativos y superlativos con los cuales convencer a estos cristianos. En medio de todo este barullo, Carmelo decide quedarse. Presionado por el hecho de que no sabe nadar y por lo que le ha dicho su padrino, quien actúa como su oráculo, sobre su futuro y los buenos augurios que este le traerá, él opta por permanecer en el mismo pantano que ahoga todo y a todos. Su larga visión lo salva, pues su esposa, embarazada con su primer hijo, perece en alta mar junto con el resto de la tripulación. Estas primeras páginas, no por ser tan reales, dejan de ser dolorosas y la narración y descripción de estos hechos tienen que ver más con un documental literario que con un trabajo de ficción. De hecho, a través de la novela sentí que Carmelo llevaba una cámara de video en el hombro por la cual nos permitía escudriñar de cerca sus alegrías y pesares, que en varios momentos sentí como mis propios infortunios y placeres. En una composición musical para orquesta, este movimiento sería grave con mas peso para la sección de cuerdas. Se cierra así la primera etapa de la novela.

La presentación del personaje central ocurre de una forma imprevista, ya que confieso que en algun momento pensé que el Yoyo dejaría a su narrador anónimo como lo hizo Ralp Ellison en su obra maestra "El Hombre Invisible", vistiéndolo así de una universalidad en la cual se pudieran reflejar los emigrantes que empujados muchas veces por circunstancias ajenas a su voluntad terminan en ciudades donde no pueden hablar la lengua natal, se les tratan como pestes y el racismo y la zenofobia se convierten en su realidad diaria. Pero no, el Yoyo, le lanza al lector una curva cuando lo que se le esperaba era una recta supersónica de 90 millas por hora. Y el umpire no se hace de rogar y canta el strike. Es asi como en la página 30 nos enteramos del nombre del personaje principal: Carmelo. Y con él, su familia. Y detengámonos por un momento en la familia de Carmelo ya que el Yoyo, a través de estos tres simples personajes, penetra en la psiquis del núcleo familiar cubano en los 90 de una forma orgánica. En el padre de Carmelo vemos al "comecandela" tradicional, el revolucionario intransigente para el cual no hay otra labor más importante que la de ayudar a construir la sociedad que se trató de erigir despues del '59. A un lado quedan familia y casa, la Revolución lo necesita a él, no hay nada más. No puede haber nada más. La madre simboliza la persona en el medio, ama a su esposo, pero también a su hijo, le duele que a éste se le esté yendo la juventud en un país donde con la devaluación de la moneda nacional, llega la devaluación del alma y lo peor es que no sabe como socorrer a su cría. Carmelo representa lo nuevo, lo fresco, no porque tenga razón en todo lo que dice, sino porque como el anti-Fausto que es, su objetivo principal es cuestionar y razonar basado en los argumentos que se debaten. Hay ecos en este conflicto de la obra cumbre del dramaturgo cubano Alberto Pedro, tristemente fallecido hace algunos años, quien a principios de la década del 90 precisamente llevó a escena un dilema similar en su obra "Manteca" en la cual el actor cubano Jorge Cao encarnaba el papel de Celestino, un veterano de la Revolución, educado en la antigua Unión Soviética y renuente al cambio. Lo seguía su hermana Dulce, cándida, buena, inocente pero imparcial. El trío lo completaba Pucho, el cual con su intelectualismo cuestionaba la sociedad que lo rodeaba y renunciaba a hundirse en las mismas miasmas en la que se clavaban todos. El Yoyo, por su parte, mantiene esta tensión familiar hasta el mismo final de la novela.

Esta segunda etapa es tan amplia como la tercera y nos presenta a otro personaje, Janet, holandesa de origen pero que tiene intereses profesionales en Cuba. A través de ella, Carmelo se adentra en un mundo que le está prohibido a la mayoría de sus compatriotas, el de la opulencia y abundancia material, apoyados, claro está, por una corrupción estatal que lo cubre todo. La contradicción entre la inocencia de este cubano que sabe que es diferente de los demás "lobos" de esta camada y su deseo de progresar aunque en ello le vayan algunos de sus principios es uno de los puntos que el Yoyo toca con más sensibilidad y agudeza. Los diálogos entre Janet y Carmelo son un testimonio que bajo la tela social cubana nunca hubo ni habrá esa sociedad colectiva socialista que se trató de forjar y que costó tantas vidas, mas bien, hay un oportunismo, el cual lo epitomizan bastantes gerentes y empresarios, tanto cubanos como extranjeros, con los que se topa Carmelo. Este es un capítulo en el cual se prueba que en la ecuación de la vida cubana contemporánea, la matemática no tiene cabida.

Es su estancia en Holanda lo que despierta a Carmelo del todo cuando sabe que su pareja se está aprovechando de él por medio del sexo. Es un momento de singular importancia, ya que en el tren que lo lleva de Holanda a España no solamente viaja un hombre desilusionado con una mujer, sino también a su lado viaja el cadáver de su moral.

Mencioné antes al escritor afro-estadounidense Ralph Ellison y vale la pena traerlo de nuevo a colación porque la descripción que nos da Carmelo cuando llega a Alemania después de haber pasado vicisitudes en España como emigrante ilegal, después de regresar a Cuba para poner en regla sus papeles y pasar por todos los problemas que pasan aquellos que se atrevan a abandonar ese verde caimán, esa descripción va más allá del simple detalle de una calle, un museo o una cafetería en Berlín, elementos que en los que siempre reparamos cuando viajamos a otro país, a otra ciudad. No, su descripción obedece a una necesidad filosófica de tratar de comprender eso que se nos escapa de las manos. Leamos primero lo que dice el personaje central de "El Hombre Invisible" en la primera página de la novela:

"Soy un hombre invisible. No, no soy un fantasma como los de Edgar Allan Poe, ni tampoco un ectoplasma a lo Hollwyood. Soy un hombre de sustancia, de carne y hueso con fibras y líquidos en el cuerpo, incluso diría que poseo una mente. Soy invisible porque la gente se niega a verme. Como las cabezas sin cuerpos que se ven en los espectáculos circenses a veces, me parece que estoy rodeado de espejos con un cristal duro que me devuelven una imagen que no es la mía. Es solo mi silueta lo que ve la gente cuando se acerca, o a ellos mismos, o fragmentos de su imaginacion, cualquier cosa, menos a mi."

Y ahora leamos los pensamientos de Carmelo mientras vaga por la calles de Berlín:

"Pronto me acostumbré a transitar sin pedir permiso o buscar aprobación, sin perturbar con mi presencia y por eso no dar explicaciones llegué a confundir este silencio con el hallazgo de la libertad que me había lanzado fuera de mi tierra. Los recién llegados solemos confundir este concepto; la libertad era sólo un espejismo. No es que me respetaran, es que ellos no me veían, me había vuelto transparente, la gente simplemente me ignoraba. Me convirtieron en un fantasma, en un algo etéreo que se movía por la ciudad compartiendo con sus habitantes exclusivamente el aire que respiraba".

"El Hombre Invisible" es un libro que fue publicado por primera vez en 1952. "Havana Graffiti" vió la luz en el 2007. Uno es una novela escrita por un autor afro-estadounidense. El otro por un cubano. En uno se retrata una sociedad que a pesar de haber conseguido hacer las paces consigo misma despues de una terrible contienda civil, le niega el derecho de ser humano a un grupo étnico. En el otro el retrato es el de un hombre que es un ciudadano de segunda clase tanto en su país de origen como en la nación a donde emigra.

Hay consecuencias fatales que salen de la invisibilidad de Carmelo. Con una impotencia espiritual y mental que lo ciega arremete con todas sus fuerzas contra esta sociedad que no lo deja probar su valía. Es su venganza. Y en el proceso muda lo poco que le queda de piel de cordero que todavía tenía hasta ahora por una armadura de lobo que lo protege contra todo el que él piensa que viene a hacerle daño. Sin embargo, es en este momento cuando el Yoyo, con precisión maestra de conductor de orquesta silencia al resto de la banda y deja al violinista solista, el cual, parado en medio del escenario nos toma de la mano y nos guia con su melodía por el mismo camino por el cual Carmelo recobra parte de su humanidad (es imposible recuperarla toda) en la pagina 288. Después de su masacre en internet donde se aprovecha de cuanto inocente pone anuncios buscando desahogos sexuales, este cubano se impresiona con las lágrimas de una chica que aparentemente ha estado discutiendo con su novio y el resultado de esta escena hace que "al llegar a casa y antes de organizar la compra, me fui al ordenador, borré todas las direcciones de mis víctimas y di por terminada mi venganza".

Es a partir de esta parte donde comienza la tercera etapa de la novela y donde Carmelo, con una familia hecha ya en Berlín, viaja a Cuba de nuevo, pero esta vez como residente en la nación teutónica. La realidad que lo espera no es mas que un engaño más, donde el color negro de su piel despierta una reacción negativa que luego desaparecerá cuando el consabido pasaporte alemán aparece.

El Yoyo aborda con gusto los encuentros sexuales de Carmelo, un elemento que puede o no predisponer al lector y puede o no darle más sustento a los tantos estereotipos de los que sufrimos los que nacimos en Cuba. Para mi fue un caso más de explotación sexual, un hecho que ocurre con frecuencia tanto en Europa como en Norteamerica y al cual se le da mas énfasis en el caso de las féminas que en el caso de los caballeros. Sin embargo, en Gran Bretaña han habido programas de televisión, artículos en la prensa y obra de teatro que se enfocan en este tipo de industria sexual y en la que participan mujeres y hombres. El caso de los 'Rastafarians' en Jamaica es archiconocido y Gambia tiene un alto porciento de "jineteros".

En un correo separado el Yoyo me pide que dé una opinion sincera de su novela, incluso si hubiera pensado que no servía. Mi respuesta se la hice saber privadamente y queda con el si quiere hacerla pública o no. La sinceridad de mis argumentos sobre la novela me parece que serán suficientes para eliminar cualquier duda que pueda haber sobre si me gustó el libro o no. Sin embargo, hay dos razones por las cuales me niego a dar comentarios negativos sobre "Havana Graffiti".

La primera es muy simple. No soy crítico. Para citar al Yoyo de nuevo, "soy un cubano normal, uno que está entre ustedes, al que ves cada día, el de la mesa contigua en el bar, el que trabajó sin papeles; el que lleva la cruz de ver morir su tierra desde lejos".

La segunda es que libros como "Havana Graffiti" con su carácter quasi-autobiográfico son necesarios para poder comprender la complejidad de la situación cubana. "Havana Graffit" no es ni mucho menos un libro gusano, ni para gusanos, ni escrito por un gusano, aunque no conozca al autor. Es una novela que apunta a una realidad que no por ser surrealista deja de ser realidad. Y lo más pesaroso es que no podemos dejar de sentirla y de vivirla, no importa cuán lejos vivamos.

Hay un comentario que dejé para el final porque tiene que ver con un personaje de la novela que es tan obvio, y sin embargo se le puede perder al lector por su presencia discreta durante todo el libro. Es el mar. La obra empieza en una playa habanera y termina en el puerto de Cádiz, la capital de la provincia del mismo nombre y que forma parte de Andalucía. Es el mar quien le roba a Carmelo su esposa, el que destruye sus pocas posesiones durante las abundantes lluvias del '96, el que le trae a Janet, el que lo recibe en España, el que marca con puño y letra el final de la novela. Al decir de Alejo Carpentier en su libro "La Consagración de la Primavera": 'La mer, la mer/ toujours recommencée', este elemento natural, agua que puede ser mansa o revuelta, imagen fiel de una de nuestras más adoradas orishas, Yemayá, es un componente fundamental en una obra en la cual temas como aislamiento, enajenación y decepción se abordan con pasión y conocimiento.

Es por eso Yoyo que te agradezco de todo corazón que me hayas brindado la oportunidad de leer tu novela sobre la mierda porque incluso la podredumbre que rodea a Carmelo merece ser explicada y quien sabe, en un futuro no muy lejano, aniquilada.
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2 comentarios:

CubanInLondon dijo...

Muchas gracias, aguaya. Espero tus comentarios también porque se que te la estabas leyendo.

Saludos desde Londres.

Jinetero… ¿y qué? dijo...

Gracias a ustedes dos